¿Acaso (1) la lección que aporta el psicoanálisis al género humano no sea tanto la que le dice al yo que él no es dueño de su casa (incluso en sus formas razonantes, la locura se ha encargado de ello desde siempre, lo mismo que los mitos, que lo han expresado claramente), sino la que nos enseña que, haga lo que haga, el hombre es culpable? Estaríamos tentados de creerlo si pensamos en lo que se desprende del análisis freudiano de la conciencia moral: ahí el hombre aparece a la vez más y menos moral de lo que cree ser; si se esfuerza por ser moral, ello sólo le hace sentirse más culpable; y de todos modos no se siente culpable sino enfermo o, también, siente una necesidad de castigo. Hay que notar, sin embargo, el doble movimiento que aquí se produce en la conceptualización: por un lado, una generalización de la culpabilidad; por otro, una transformación de ésta en algo cercano pero distinto: necesidad de castigo, sensación de estar enfermo. Generalización y transformación que sugieren que una diferenciación opera en el seno de lo que se presenta únicamente con el nombre de culpabilidad.
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| *«La ruse mélancolique», Libres cahiers pour la psychanalyse, n 18, «Intraitable culpabilité», 2008, p. 75-81.
1. Este artículo continúa la reflexión iniciada en un número anterior de Libres cahiers pour la psychanalyse («Accuser réception», LCPP, n 6, «Les secrets de la séduction», 2002, p. 67-80), así como en la Revue française de psychanalyse («Culpabilité et responsabilité», RFP, LXVII, n 5, 2003, p. 1633-1636).
2. D. Scarfone, «Accuser réception», op.cit.
3. J.F. Lyotard, Le différend, Editions de Minuit, 1981.
4. La palabra alemana Schuld se presta a ambos sentidos.
5. Véase S. Freud, Más allá del principio de placer, OC, v. XVIII, Amorrortu.
6. Jaques Hassoun, La cruauté mélancolique, Paris, Aubier, 19957.
7. E. Levinas, Totalité et infini, Le livre de poche, Biblio Essais, 1971, p. 1038.
8. E. Levinas, Autrement qu’être, ou au-delà de l’essence, Le livre de poche, Biblio essais, 1978, p. 198.
9. S. Freud, Duelo y melancolía, O.C. v XIV, Amorrortu.
10. Estos antropomorfismos suponen dificultades, pero tal vez tienen el mérito de hacernos «sentir» mejor lo trágico de la situación.
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