«Más allá del principio de placer»

 
José Gutiérrez Terrazas
 

Capítulo VII

 

En este breve y último capítulo Freud comienza resaltando que sigue sin resolverse o sin quedar bien esclarecida «la relación de los procesos pulsionales de repetición con el imperio del principio de placer» (p.60 al final del primer párrafo).

Pero, a mi juicio, sigue “irresuelta” esa tarea para él, porque parte de unos presupuestos que le obligan a no poder resolverla, pues si bien –por un lado- parte de la idea de que «la ligazón es un acto preparatorio que introduce y asegura el imperio del principio de placer» (p.60 al final del segundo párrafo), -por otro lado- también sostiene que «al comienzo de la vida no hay otros [se refiere a los procesos primarios], y podemos inferir que si el principio de placer no actuase ya en ellos, nunca habría podido instaurarse para los posteriores» (p.61 al centro del primer párrafo).

Se trata, por tanto, de unos presupuestos que se mueven en dos órdenes distintos de conceptualización, pues si el primero procede de un planteamiento de orden metapsicológico, en la medida en que toma en consideración lo pulsional intrapsíquico y su destino de trasposición o transcripción; el segundo se mueve en un plano de tipo descriptivo-fenomenológico puesto que, utiliza un concepto psicoanalítico (“los procesos primarios”) pero lo coloca por fuera del campo psicoanalítico al darle un valor meramente cronológico y no metapsicológico, porque toma lo “primario” en el sentido fenoménico o descriptivo de primero en el orden del tiempo y no en el sentido de la dialéctica metapsicológica “primario-secundario”, que no remite al orden del tiempo cronológico sino al modo de funcionamiento intrapsíquico, el uno caracterizado de una manera y el otro de otra manera diferente.

Es más, el argumento que Freud emplea se vuelve en su contra, pues del mismo modo que -según él infiere- si el principio de placer no está en los procesos primarios no puede estar en los secundarios, se puede argumentar entonces que si no está lo secundario en relación con la primario ¿cómo se puede pasar de unos procesos primarios a unos secundarios? De acuerdo, por tanto, con ese argumento tampoco se podría dar el pasaje de lo primario a lo secundario, si esto último no estuviera de entrada. Lo cual invalida su afirmación de que “al comienzo de la vida anímicas no hay otros procesos que los primarios”.

Freud, pues, se mueve en una permanente contradicción, que le impide resolver las tareas que no obstante se impone, lo que hace que su camino de teorización y el nuestro, en continuidad con el suyo, puedan seguir hacia delante, a la vez que en nuestra situación eso nos permita ir descubriendo cómo las distintas interrogaciones de Freud, siempre tan valiosas y atrevidas, quedan a veces abortadas o boicoteadas por perder el suelo de su objeto de estudio o por pasar de un ámbito de estudio a otros ámbitos u objetos sin la delimitación correspondiente.

Algo que puede constatarse una vez más en este capítulo final, en el que Freud pasa (véase: primero y segundo párrafo de la p.60) de la vida intrapsíquica pulsional –en la que tiene que adquirirse o  establecerse la ligazón para que el imperio del principio de placer se introduzca- al plano de “todo lo vivo” y del “mundo inorgánico” (tercer párrafo de la p.60), que le hace deslizarse sutilmente y sin delimitación hacia “las sensaciones de placer y displacer” (primero y segundo párrafo de la p.61), que pertenecen al orden de lo meramente psicobiológico, que no es equivalente a lo intrapsíquico pulsional, en el cual o para el cual hablar de un principio de placer es hablar de un cierto ordenamiento que se ha establecido, pero que puede no establecerse y, por tanto, ya no es lo mismo “el principio de placer” que “las sensaciones de placer y displacer”, siempre presentes en todo organismo psicobiológico.

De ahí que pueda decirse por parte de Freud lo que afirma casi al final de la p.61: «el principio de placer parece estar directamente al servicio de las pulsiones de muerte», afirmación que si –por un lado- resulta algo bien contradictorio, porque principio de placer o ligazón se contrapone a pulsión de muerte o desligazón, -por otro lado y de alguna manera- se señala que la pulsión de muerte se puede imponer haciendo que el principio de placer, entregado o al servicio de la ligazón, quede sometido al trabajo de desligazón de la pulsión de muerte y, eso es así, porque el principio de placer no está de entrada ni necesariamente en juego en cada sujeto, como sí están operando sin embargo “las sensaciones de placer y displacer”. Y dado que esas sensaciones pertenecen a todo organismo psicobiológico o forman parte de su bagaje instintivo, como Freud tiende a confundir  “la vida anímica” o intrapsíquica con el organismo psicobiológico (puesto que no hace la diferenciación entre ellos), mete las sensaciones de por medio al hablar de “los procesos de la energía ligada y los de la no ligada” (segundo párrafo de la p.61). De ese modo, no hay medio de resolver lo que pertenece específicamente al orden intrapsíquico pulsional, ya que se entromete ahí un otro orden, como es el puramente psicobiológico.

Pero, como Freud no contempla o no presta atención a esa consideración discriminatoria, entonces tiene que recurrir a la idea de que hay que «ser pacientes y esperar que la investigación cuente con otros medios y tenga otras ocasiones» o de que hay que admitir «la lentitud con que progresa nuestro conocimiento científico» (p.62 para las dos citas).Y, de esa manera, tan genérica y aplicable en toda situación de dificultad, parecen disiparse los problemas específicos de su edificación.
 
 
 
 
 


ISSN 1885-5660

 

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